CRECE EL MISTERIO POR LAS “MÉDICAS DEL ESPACIO”

No queda rincón sin revisar en el campo donde vivían las mujeres que hace 20 días dejaron la casa de la que no habían salido en 20 años. No hay rastros de su paradero.
A casi 20 días de la desaparición de las hermanas Azategui, los investigadores no encuentran una pista firme que conduzca a dilucidar el enigmático caso. Ninguna de las más diversas herramientas utilizadas dio resultado. Además de personal, perros entrenados en la búsqueda de personas y hasta drones, algunos confiaron que hasta se solicitó el apoyo de una vidente por el paradero de las hermanas autodenominadas “médicas del espacio”.

Hasta ahora, nada ayudó.

Después de dos décadas sin salir de su casa en el paraje rural El Quebracho, cerca de Embalse, a Ada (68) y Ana Azategui (65) pareciera que se las tragó la tierra. Vivían junto a Paulino (76), el hermano fallecido dos semanas antes de la desaparición, en una humilde vivienda. La casa estaba ordenada y no reflejaba signos de violencia.

“Queremos agotar todos los medios reales”, apuntó una pesquisa. Por un lado, efectuaron un recorrido por numerosos geriátricos, incluso alejados 
de Calamuchita. Una de las hipótesis es que hayan sido “internadas” en algún estableci­miento, por interés de algún tercero en arrebatarles la propiedad, que tendría un alto valor económico.

Por otro lado, se intensificó la búsqueda dentro del propio campo de casi 300 hectáreas, dominado por cerros y montes. Esta línea proyecta que podrían estar escondidas en el propio terruño. Esta teoría marca como dato clave el fallecimiento del hermano 15 días antes de la desaparición. “Si Paulino muere, nos vamos a ir a refugiar”, anticiparon las mujeres, según una allegada a la familia.

El contacto con el mundo

Paulino, que según vecinos y conocidos habría fallecido producto de una gangrena en una pierna, era el contacto que las hermanas tenían con el mundo. Desde hacía 20 años, los tres habían cambiado sus hábitos.

Casi no salían y aseguraban que eran intermediarios de seres superiores sanadores. Cientos de personas los visitaban en busca de alivio. Los tres tenían una fuerte conexión entre sí y eran muy unidos.

El mayor de los Azategui era quien, una o dos veces al mes, conducía su viejo Rambler hasta Embalse, a comprar provisiones. Las mujeres sólo habían traspasado la tranquera ocasionalmente, en casi dos décadas, alguna vez para votar. Decían tener órdenes “superiores” de permanecer en el lugar.

“Todo era un misterio”, describió un allegado a la familia. Por eso, la mayoría de los conocidos aseguran que sólo por la “fuerza” podrían haber salido.

Una de las sospechas apunta que en la muerte de Paulino podría estar la clave de la misteriosa desaparición.

Durante estos días, se dispararon decenas de rumores de que las mujeres habían sido encontradas. Todos resultaron ser falsas alarmas.

 

FUENTE: LA VOZ DEL INTERIOR

Deja un comentario