LA COLUMNA DE ALBERTO RODRÍGUEZ ETUALIN

DE TODOS Y PARA TODOS

En ésta, mi última columna del año, quiero referirme al Teatro Independiente “Berrotarán, institución que hace pocos días cumplió treinta y cinco años.

Algunos pueden considerar que es un tema personal ya que pertenezco a este grupo, sin embargo, esta institución no pertenece a nadie y es de todo el pueblo, tanto es así que nunca se ha tenido en cuenta ninguna característica en particular de quienes se han sumado a esta actividad cultural, ni estrato social, ni religiosa y menos aún política.

Nunca el Teatro Independiente “Berrotarán” persiguió fines de lucro, contando siempre con la importante colaboración de organismos públicos, entidades privadas y comercio en general. Con satisfacción decimos que, a lo largo de estos treinta y cinco años, luego de pagar los gastos que demanda cada representación e invertir en la compra de elementos necesarios para el funcionamiento del grupo, el excedente de lo recaudado en entradas, mucho o poco, lo destinamos a donaciones para entidades benéficas.

Quienes conozcan lo que significa llevar adelante cualquier proyecto o poner en marcha programas deportivos, culturales o sociales, saben que no es fácil, que no puede hacerlo una sola persona, sino que se necesita de un grupo.

En nuestra institución son muchos los que trabajan y trabajaron para mantener vigente esta actividad. Podría nombrarlos, pero corro el riesgo de olvidarme de algún nombre y sería muy injusto que así ocurriera.

Sin embargo, quiero destacar la encomiable labor que llevó adelante María Sara Martínez. Cuando comenzamos con el grupo compartí la tarea organizativa de cada proyecto, pero cuando debí alejarme de la institución por razones de trabajo, Sarita se “cargó sobre sus hombros” esa responsabilidad durante veinte años ininterrumpidos de manera impecable, ayudada, por supuesto, por varias personas que trabajaron a la par de ella.

En las dos últimas obras que dirigió Sarita debutaron cuatro integrantes y en la pieza que se está preparando para el próximo año se sumarán al elenco varios participantes nuevos. Esto, afortunadamente ha ocurrido siempre, con lo cual queda en evidencia que en este grupo permanecen las puertas abiertas para todos quienes quieran acompañarnos.

Dejando el tema teatro, y volviendo a esta última columna del año, solo me resta mencionar un profundo agradecimiento a Valeria Vaira por su impecable lectura y a Luis Torres por su ingenio de siempre en la consola, que hicieron que estas humildes redacciones semanales llegaran mejor a los oyentes. Por supuesto, no puedo dejar de agradecer a los inestimables oyentes y lectores que me acompañaron a lo largo del año. A todos muchísimas gracias, Felices Fiestas en este diciembre que comienza y que Dios los ayude a cumplir los mejores deseos que tengan para el año nuevo.


SOBRE MODAS Y COSTUMBRES….

Cuando se entabla una conversación entre personas de generaciones muy distantes, por ejemplo, entre los actuales adolescentes y jóvenes con quienes tenemos más de cinco décadas, ocurre que a los más chicos les cuesta creer como eran las modas y costumbres cuando nosotros transitábamos la edad que ellos tienen ahora.

Les causa sorpresa cuando les contamos que usábamos camisas estampadas, de tonos suaves, algunas, y otras de

colores fuertes y cuellos muy anchos.  Las corbatas finas. También se usaban las de “goma espuma”, de colores variados, cortas y venían ya con el nudo armado, tenían un elástico que iba por debajo del cuello de la camisa y se abrocha en la nuca.

Las mujeres lucían peinados pomposos, “batidos”, y estaba de moda un tipo de “bufanda” cuya tela se parecida al tul con   colores que iban del” rosa fucsia” al “celeste calipso”.   Las que asistían a misa debían hacerlo únicamente con mantillas.   Las mujeres mayores usaban medias con raya en la pantorrilla y comenzaron a usarse los pantalones que nosotros llamábamos “vaqueros” o “far west” con botamanga prolijamente doblada. Las botamangas eran en telas lisas, o los más caros, a cuadritos rojos y azules.  Eso sí, para cualquier reunión social riguroso traje y corbata.

En los bailes de carnaval, se vendían serpentinas, papel picado y agua perfumada. Ésta última venía en pomitos de plomo acomodados en coquetas cajitas de madera.

Hoy, en todas las edades se usan caras y sofisticadas zapatillas, en aquellos años de nuestra juventud estaban de moda las clásicas “Boyero”.

Para salir a bailar, es más cómodo y menos estructurado ahora que en aquella época. Hoy los jóvenes y adolescentes salen sin horario determinado y en el local bailable se ubican dónde pueden. En nuestra juventud había que “reservar” la mesa una semana antes y los horarios eran estrictos, tanto para comenzar como para terminar la reunión. A la chica la invitábamos a bailar haciendo señas con la cabeza desde el costado del salón opuesta al que estaba ella.  En ese asunto si yo no me ponía delante de los otros muchachos, por la altura, iba muerto.

Ahora bien, ¿las modas y costumbres seguirán como en estos tiempos o seguirán cambiando?


COSTUMBRES DE OTROS TIEMPOS….

El pasado 2 de noviembre se conmemoró como todos los años el Día de los Fieles Difuntos, rito cristiano que data desde hace varios siglos, aunque según las creencias populares de origen pagano, se registran desde tiempos inmemorables.

Quise escribir sobre este tema para señalar que, al igual que otras conmemoraciones o celebraciones como Carnaval o Reyes, el “Día de los Muertos” no tiene hoy la misma movilización de hace cincuenta años, o por los menos no se conmemora como entonces.  Años en que más allá del significado religioso que tiene este día, se convertía, con merecido respeto, en uno de los encuentros familiares más comunes del año. Se reunían tíos y primos que vivían en otras localidades o ciudades y nuestra madre comenzaba dos o tres días antes a preparar la comida para el almuerzo y acomodaba la casa más allá de lo habitual para ese tradicional encuentro.

A veces pienso que con el ajetreo que hoy existe, nuestras madres recurrirían, en similares circunstancias, a una rotisería para salir del paso.  En aquella época, como era un día feriado, esa reunión pasaba a ser todo un acontecimiento familiar. A propósito de lo “gastronómico”, el postre era muy esperado por los más chicos. Seguro sería una torta o un rico budín con dulce de leche que traían las visitas, luego me parece oír a nuestros padres cuando nos decían «bueno chicos, ya comieron el postre, ahora vayan a jugar que tenemos que hablar los mayores». ¿Algo ha cambiado en estos tiempos, ¿no?

¿Después venía la visita al cementerio? Nos ponían ropa «de vestir», según la edad.  Los más grandes, saco y corbata. Si algún familiar había fallecido hacía poco tiempo los hombres llevaban un grueso brazalete negro en su brazo izquierdo y las mujeres vestimenta oscura respetando el riguroso luto o medio luto.

Ese día el cementerio era, usando un término español, una verdadera “romería”, principalmente a la tarde. En ese entonces parecía que el cementerio quedaba muy lejos de la traza urbana. Hoy, con el crecimiento del pueblo queda a dos o tres cuadras de Barrio Municipal.

Había un colectivo que cada media hora trasladaba pasajeros desde el centro del pueblo al cementerio. Algunas personas lo hacían en autos, camionetas y también en “sulkys” y «volantas» (carruajes tirados por caballos, para seis personas y cubiertas con una lona, generalmente negra.)

Como serían de numerosos los vehículos que se habilitaba una playa de estacionamiento en un campo lindante, ubicado al oeste del cementerio.

En realidad, eran dos feriados, el primero de noviembre “Día de Todos los Santos” y el dos, “Día de los Fieles Difuntos». Muchos recordarán que, en el ingreso a la necrópolis, sobre el camino que pasa por el frente, se levantaba una gran carpa con mostrador, mesas y sillas debajo de vetustos olmos, de los cuales algunos se conservan como testigos de aquella lejana época.

Las mujeres se reunían con familiares y amigas que hacía mucho que no veían, los hombres se iban a la carpa a tomar una cerveza o una «bidú», previo comprarles un helado a los chicos en la misma carpa. Eso sí, eran advertidos por las señoras: «no se demoren que tenemos que rezar el rosario».  Esas oraciones se alternaban con largas charlas que servían para “ponerse al día” entre quienes hacía mucho tiempo que no se veían.

Y así se extendía la visita al cementerio que terminaba cuando anochecía, siempre y cuando no fueran sorprendidos a media tarde por fuertes tormentas comunes para esa época del año.

Aquella visita masiva del dos de noviembre se ha transformado en un reducido número de personas que aún mantiene aquellas costumbres que con el correr de los años fueron cambiando, y como.


VIAJANDO CON LOS RECUERDOS…

En la mesa de café con amigos surgió el tema de la autovía y alguien recordó lo que era hace más de cinco décadas la ruta 36  con una sola mano de circulación  que hacía necesario que cuando dos vehículos se cruzaban debieran bajar a la banquina la mitad del rodado para no chocar.

Como esas banquinas estaban muy descuidadas el accidente más frecuente era el vuelco del vehículo,  ya sea de porte chico,  o bien camión o  colectivo.  A propósito,  me queda en la memoria el vuelco del camión de un repartidor de verduras de Río  Cuarto y el de un ómnibus que traía entre el pasaje  a quien era mi maestra de segundo  grado, Ada Yudicibus de Salvucci, lo que aquella mañana  había causado conmoción entre las autoridades de la escuela y los alumnos. Ambos accidentes  ocurrieron muy cerca de Berrotarán, al norte.

Volviendo a la charla  de café  también comentábamos  sobre  los colectivos de entonces y   recordábamos inolvidables anécdotas, por eso  me pareció buen motivo para tratar ese tema, pensando que quien más,  quien menos,   hemos utilizado ese medio de traslado.  Por supuesto, me estoy refiriendo a más de medio siglo.

Por entonces,  uniendo Córdoba con Río Cuarto circulaban los ómnibus de la empresa COLTA, que también tenían  como destino la ciudad de Buenos Aires.

Pero Berrotarán se veía privilegiado, al igual que otras localidades de la región,  con empresas que tenían horarios y frecuencias muy cómodas. Hablo del Rápido, de Francisco Castaño (con “ñ” porque es un apellido español) y la empresa “El Solitario”, que partía desde Río de los Sauces hacía Río Cuarto, pasando por Berrotarán. En este último caso era un colectivo “Ford Alemán”, color verde,  y en cuanto al  Rápido, coches con motores “Leyland”  y la carrocería con  sus típicos colores marrón y amarillo,  tirando al ocre.

En esa época los ómnibus tenían chofer y guarda  con quienes uno se llegaba a familiarizar porque era un  medio de transporte  muy utilizado.

En “El Rápido” yo recuerdo a Renato Simondi, guarda a quien se le atribuía aquel pintoresco anuncio cuando partía el ómnibus: “andiamo, dijo Renato”,

Después vinieron  Artemio Álvarez, el “Gringo” Fenoglio, Miguel Fernández,  Omar Cervantes, Ricardo Olivero  y su hermano. Más adelante, Humberto Fenoglio, Carlos Maltagliati, Luis Albang, Prono, Fernando Pergiovanni y Pedro Aranda, sin perjuicio que haya habido otras personas que ahora no recuerdo.

En el Solitario, empresa de Río de los Sauces, conducían los colectivos  “Tito” y “Negro” Ghelfi, Alfredo Insúa, Ricardo Rojo, un señor de apellido  Antuña y su hijo,  según datos que pude averiguar, sin dejar de lado aquellos nombres que recuerden nuestros  oyentes y lectores.

En COLTA, eran muchos los choferes, pero quien no retiene en su memoria al gran Medina, que viajaba desde Río de la Sauces a  Río Cuarto  pasando, casi de madrugada, por Berrotarán. “Medinita”, como algunos lo llamaban cariñosamente, siempre estaba de buen humor, aunque también tenía su carácter fuerte para contestarle a un pasajero que le recriminara el haber llegado unos minutos tarde o cargar demasiada gente.

Como verán, en esta nota nombré COLTA, EL RAPIDO y EL SOLITARIO,  cuyas primeras sílabas dieron origen al nombre “CORASO”,  sigla con la que se identifica al bar de la terminal y al Hotel anexo.

Recordar esos nombres producen en mí volver a esos inolvidables años, rejuvenecer con el recuerdo con la esperanza que de igual manera lo sientan ustedes.


AHORA SE DICE “BOLICHE”…

¡No, abuelo, no es “confitería”, ahora se dice “Boliche” ¡Así me reprendió una de mis nietas cuando me quise referir a los locales bailables de estos días…!

Y tenía razón,  lo que ocurre es que en mi juventud y adolescencia  “boliche” le llamábamos a  lugares donde solo iban hombres para beber  un Cinzano, una  Hesperidina, un vino  o una grapa “Montefiori” y si había tiempo para jugar un “truquito” o un “chinchón”.

A  los que se llaman ahora “boliches”  los  denominábamos  “Confitería  Bailable”,   o “La Disco”, pero  nunca  escuché  en aquel entonces la palabra “boliche” para identificar a esos espacios bailables.

Vivíamos otra época, por supuesto”,  la de los tradicionales  bailes en la Sociedad Italiana  cuando comenzaban a proliferar  las nostálgicas “pistas al aire libre”, entre ellas la del Club Belgrano, con mesas redondas de cemento y un escenario por el que desfilaron figuras musicales de la región y otras  de renombre nacional.

La Pista de “Don Blas Boldrini”, que en una de las tradicionales esquinas céntricas era un verdadero espacio de entretenimiento:  pista bailable, cancha de bochas o la “cara de mujer enterrada, decían, a tres metros de profundidad y que veíamos a través de un caño con espejos, pagando cincuenta centavos de aquel entonces.

Más adelante, se puso de moda la “Pista Amancay” donde además de inolvidables reuniones bailables, se realizaban   espectáculos como  “Tusam”,  “La Gran Vía” de Radio LV 2 de Córdoba,  las compañías de Radioteatro de César Córdoba,  Hugo Maldonado, Jaime Kloner, y las repetidas presentaciones de  Chasman y Chirolita.

Como olvidar la “Pista Santa Rosa”, de los Hermanos “Ortices”,  como decían algunos, dejando de lado el estricto castellano.  En ese lugar, que también  se llamó “El Timón” cuando la familia  Ortiz la concesionó  a una gente de Buenos Aires, bailábamos  con cumbias  de “Los Guaguancó,  Chico Novarro con su tema emblemático “El Camaleón”,  o   “El Cuarteto Imperial”, entre otros.

También había otra opción, la pista de Ángel Conti,  que  algunos  llamaban   “Pista de  Talleres” y  que luego se popularizó con un nombre que no menciono  porque siempre lo consideré,  y sigo pensando igual,  un nombre por demás discriminatorio. Los “antiguos” como yo,  seguro lo recordarán.

Generalmente esas reuniones se realizaban los domingos a la noche, salvo que sus propietarios presentaran algún  número especial y trasladaban el baile  para la noche del sábado. Siempre empezaban alrededor de las once de la noche y terminaban a las tres o cuatro de la madrugada, ahora “la noche” comienza a esa hora.

Después llegó “Apolo 11”, como así también locales  similares en la región.  “Las pistas” poco a poco fueron desapareciendo y llegaron “las confiterías bailables” o “los boliches”, como quieran llamarles, pero como recalca el viejo dicho “¿quién nos quita lo bailado’”.

No sé si es necesario, pero quiero aclarar que los datos que vierto en cada columna  los viví personalmente y que cuando tengo alguna duda la consulto con personas con quien somos contemporáneos.


PARA TENERLO SIEMPRE PRESENTE

Si bien es común que en pueblos y ciudades se identifiquen a calles, plazoletas y  otros espacios públicos con el nombre de alguien del lugar que por alguna razón  se haya destacado  en la consideración general, no es para nada frecuente  que sea distinguida una persona poniéndole su nombre a un asteroide ya que solo un caso así se da cada seiscientos humanos en el mundo.

Por tal razón, en esta columna quiero recordar que quienes han tenido ese privilegio son dos jóvenes de nuestro pueblo, Luciano Gaspari y Marcos Bosso, distinguidos por el Instituto de Tecnología de Massachusetts, Estados Unidos.

Ocurrió en el año 2005, cuando un Comité Internacional, a instancias del Laboratorio Lincoln, determinó distinguir a Marcos y Luciano, por entonces estudiantes del IPET-80 de Berrotarán,  en  mérito a que  inventaron  un sistema de monitoreo para sembradoras que denominaron “El Buchón”.  Quiero  señalar que el profesor Jorge Chialvetto,  del IPET 80, fue el coordinador de este proyecto.

Todo comenzó cuando los entonces  estudiantes  presentaron este trabajo  en distintas instancias de “Ferias de Ciencias y Tecnología”, es decir, regional, provincial y nacional, hasta llegar a ser finalistas en “La Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería”, lo que les permitió viajar a Japón, Estados Unidos y Rusia, países  donde fueron invitados  para exhibir este novedoso  instrumento.

Volviendo  a los asteroides que llevan los nombres de estos jóvenes,   fueron descubiertos no hace muchos años por el Laboratorio Lincoln y cuyas órbitas se encuentran entre los planetas Marte y Júpiter.  A uno, se lo denominó “Marcosbosso” y al otro “Gaspari”.

Demasiado importante este acontecimiento para que no lo tengamos siempre presente y mantenga vivo nuestro  orgullo. No es cosa de todos los días recibir semejante distinción y seguramente muchas personas, principalmente aquellas que no superan los veinte años, desconozcan esta historia.   Orgullo, decía, para Bosso y Gaspari, para el colegio que representaban y para Berrotarán todo.


RESCATANDO RECUERDOS…

Por gentileza  de Roberto Basso llegó a mis manos un ejemplar de la revista “Auroras  de Juventud”, editada en Berrotarán  en el año 1962 e impresa por la entonces “Imprenta Primo”.

Lamentablemente no encontré ningún dato que indique  quien fue el que diagramó su contenido, tampoco lo recuerdo, no obstante me pareció un valioso material histórico para nuestro pueblo.

En este ejemplar se hace referencia  a varios hechos que ya publicamos, pero hay otros que seguramente muchos desconocen y por eso considero oportuno transcribirlos en esta columna.

Por ejemplo, que la primera misa fue celebrada el 13 de junio de 1914,  oficiada por el sacerdote José Mosconi en casa de Francisco Landini.  Ese mismo año comienzan a construirse los galpones del ferrocarril, que más allá de almacenar cereal sirvieron como  salones para las primeras fiestas y reuniones sociales del pueblo.

También hay un dato que ya delantamos pero que en esta revista se completa: tiene que ver con la fundación en 1922 del  Club Belgrano, siendo su primer presidente  Alberto Avendaño  y su  primera actividad deportiva  el fútbol, al que le siguieron las bochas y el tenis.  De aquel primer equipo de fútbol, que supuestamente era de once jugadores, solo aparecen ocho nombres: Juan Heredia, Roberto Basso, Ricardo Boldrini, Ricardo Gimolotto, Juan Basso, Mamerto García, Fernando Bianchi y Antonio Fúrquez.

En 1924 se funda el cementerio de Berrotarán en terrenos donados por  Luis y José Lenardón y a tal fin se había creado una comisión pro-cementerio presidida por Juan  Agustín Videla.

En “Auroras de Juventud”  figuran comercios auspiciantes que,  como ya no existen, podemos nombrarlas nos trasladarán a ese Berrotarán de hace más de cincuenta años. Esos negocios son:   MODAS “MARY”, de María Sánchez,  FARMACIA “BARSKY”,  PEINADOS “NANCY”, de Ada Stoppa,  TIENDAS “CASA MAQUEDA”,  “COMPRA Y VENTA DE AVES Y HUEVOS “ de José Testa e hijos, “DELTA S.A.”,  “HORNOS DE CAL”, de Motta y Del Blanco,  “ROBERTO BASSO Y CÍA”, “TIENDA LA MOROCHA”, de María viuda de Esudry  e hijos,  KIOSCO “EL SATÉLITE”, de Elsa Storello, BAZAR “SONIA”, de Teresa viuda de Fernández,  “PELUQUERÍA  PARA HOMBRES”, de Norberto Battaglino, CONFITERÍA “OSCAR”, de Ricardo Boldrini, . y” SEGUROS Y REPRESENTACIONES”, de Carlos Horacio Boldrini.

Para terminar con los recuerdos que encontramos en esta revista, cabe señalar que se menciona también la creación en 1962  de la delegación local de “Cámara Juniors”,   organización que tuvo una efímera presencia en nuestro medio.

“Recuerdos son afectos”, dice el escritor, investigador y arqueólogo, José Carretón, y agrega, revivir nuestro pasado, es transmitir “sentimiento, amor y pasión”.  Basándome en estos conceptos es que insisto en este tema de recordar el pasado de nuestro querido Berrotarán. Ojalá sirva para quienes sienten lo mismo.


UNA PASIÓN DE TODO EL PUEBLO…

En Berrotarán, este año se cumplen noventa y dos años de vigencia del teatro vocacional.

Tengo en archivo boletines de las primeras obras que se representaron  en 1927, cuando nuestro pueblo apenas  tenía  catorce años de existencia,  y perdón que haga  ahora  una mención muy personal  pero se debe  a que  en aquellos boletines aparece el nombre de mi padre que con apenas  once años formaba parte del elenco de la obra “El Gringo Baratieri”. Sentimiento muy fuerte, emotivo,  que seguramente  también  deben tener descendientes de apellidos como Bertorello, Basso, Díaz,  López,  Gázzera,   Orionte,  Walnich  y  Britos, los primeros actores vocacionales que figuran en esos afiches.

Pero vuelvo al primer párrafo para señalar que en estos noventa y dos años de permanente actividad muchos  vecinos de este pueblo practicaron y practican esta hermosa disciplina cultural.

Varios nombres fueron identificando a los grupos que, en definitiva  pertenecieron, como ocurre en la actualidad,   a una  misma corriente.

En principio se llamó, Centro Filodramático “Amor y Cultura”, luego “Juvenilla”, posteriormente  “Centro Cultural”,  más adelante “Caminito” y  hace treinta y cinco años,  se conoce bajo el rótulo de Teatro Independiente” Berrotarán”.

En este lapso, junto a Sarita Martínez tomamos la dirección del grupo, pero considero justo hacer honor a quienes nos antecedieron como directores:   Mauricio Francisco Fantini, Darío Cardozo, Rubén Esudry, Emilia Pozzobón, Carlos Medina, Dolly Esudry, Mario Coronel, y Juan Luis Castagno.

Pero hay dos cosas que no quiero dejar de lado en este comentario. Una tiene que ver con el maravilloso grupo humano que lleva adelante  cada propuesta, con  responsabilidad,  entrega,  entusiasmo.  La otra es el acompañamiento  incondicional del público que desde siempre agota las entradas en las dos funciones y un ejemplo reciente y admirable  es lo que ocurrió hace dos  semanas con la presentación de la obra “El extraño caso de la Esposa Invisible”. Ni que hablar del desinteresado apoyo que siempre recibimos  de instituciones y comercios del pueblo.

Por todo esto quiero recalcar la trayectoria, casi centenaria, del teatro de nuestro pueblo, institución cultural nutrida por el aporte pasional no solo de quienes circunstancialmente estamos actualmente en el grupo, sino que es propiedad de quienes fueron sus pioneros y de los que seguramente vendrán.

El teatro es de todos y para todos.  En nombre de la cultura del pueblo, muchas gracias.


PERSONAJES EN LA HISTORIA DE NUESTRO PUEBLO….

Como lo comenté en anteriores oportunidades, no me convence tener que reiterar temas abordados en columnas ya difundidas, pero ocurre que mucha gente dice no haberlas escuchado, mientras que otros piden que repita alguna en particular.

Es por eso que en la entrega de esta semana vuelvo sobre un tema que abordamos hace algunos años, con algunas modificaciones que exige el tiempo transcurrido. Está relacionada a mucha gente que llegó a Berrotarán para realizar un trámite, tal vez transitorio, y que por alguna razón se quedó por meses, en ciertos casos por años y otros para siempre.

«Es que en Berrotarán son muy hospitalarios», decían algunos para justificar su prolongada permanencia.  «Berrotarán es un pueblo lindo, distinto, tiene vida propia» afirmaban otros. Lo cierto es que, por una causa u otra, y como debe haber ocurrido en otras poblaciones, varios forasteros llegaron al pueblo y se constituyeron, con el correr de los días, en nuestros ocasionales vecinos.

Hay quienes por circunstancias especiales: ya sea porque sus padres vinieron trasladados en algún empleo (correo, ferrocarril, bancos, etc.)  se afincaron definitivamente, o algunos se casaban y uno de la pareja era de esta localidad y por eso eligieron vivir acá.

Entre esas personas están quienes por alguna actividad pública se convirtieron en verdaderos personajes y están en la memoria de nosotros los más viejos, aunque resulten desconocidos para los jóvenes, algo razonable.

Entre esos personajes, recordamos a «Honorio» (firmaba así, con «H»). Era un brasileño de andar tranquilo, con camisas estampadas, muy coloridas, gran sombrero de pana y contagiosa sonrisa.

Vino de paso para pintar algunos carteles y vivió en Berrotarán cerca de dos años. Hablaba muy bien el español y sus carteles se distinguían por sus letras de trazos gruesos que contorneaba con un inconfundible ribete azul o negro. Fue el pintor de los letreros que ocuparon los paredones de las canchas de Belgrano, de Talleres y de los “sponsor” del auto de carreras de “Chango” Veglia, cuando no exigía el ploteo. Muchos lo acompañábamos al lugar donde trabajaba, porque además de admirar su habilidad artística disfrutábamos de sus amenos relatos e historias que contaba con una marcada nostalgia por su país de origen.

¿Se acuerdan de “Fantomas”, el mago que llegó al pueblo para realizar una función y tomó a Berrotarán como lugar de residencia? Desde aquí viajaba a distintas ciudades y poblaciones para actuar, previo contrato que celebraban sus ocasionales representantes, Pepe Lo Duca y Rubén Esudry, con quienes había trabado una estrecha amistad. Los domingos por la tarde, Fantomas hacía las delicias de grandes y chicos esquivando obstáculos en calle Rogelio Martínez e Ingeniero Ríos, conduciendo con los ojos vendados, su auto, un “Isard Royal 700″.

De noche era habitué del Bar Belgrano y allí íbamos…Fantomas conocía quienes eran fáciles de hipnotizar en el pueblo y cuando estos llegaban a la puerta del bar, desde una mesa que compartíamos, nos decía, «miren como lo paro a fulano en la puerta», y así lo hacía. Ponían un pie en el umbral de entrada y quedaban inmóviles hasta que él los hacía volver en sí.  Nosotros nos divertíamos y sus ocasionales «víctimas» se sentían felices de ser «partenaire» y amigos de semejante ilusionista. Recuerdo algunos de ellos, pero no pongo sus nombres porque no tengo la debida autorización y no sé si les gustaría figurar en este informe.

Y si hablamos de quienes se encariñaron con Berrotarán no podemos dejar de mencionar a Dante Fernández, oriundo de Cosquín donde su apodo era «Pelusa» hasta que llegó a nuestro pueblo y lo bautizaron “La Máxima», «La Máxima Fernández.  Siempre vestía ropas claras y zapatillas blancas. Muy amigo de la familia de Néstor Nicola, gran jugador de bochas y un carisma muy especial con el que se ganó la simpatía de los berrotaranenses.

Es como que nuestro pueblo atraía al artista, ya que otro vecino temporario que tuvimos fue el recordado Oscar Godoy. Muchos lo conocían como el “Tero Álvarez”, porque existía una estrecha familiaridad con un vecino nuestro de ese apellido.  Letrista y pintor plástico excepcional. Dejó murales pintados en varios lugares de Berrotarán, entre ellos en lo que fue el «Zorro Ranch».  Firmaba sus obras con el seudónimo «El Tero».

Y como no mencionar a monseñor Aquilino Argüello Ardiles, vino como párrafo por tres meses y permaneció entre nosotros cincuenta y nueve años, hasta su fallecimiento.

Personas venidas de otros lugares y que pasaron a ser parte de la historia de nuestro pueblo, con anécdotas y situaciones que los hacen inolvidables y que sería injusto olvidarlos. Quizás hubo más y si así fuera no estaría mal que nuestros oyentes y lectores lo recordaran.


“CUANDO PENSABAS QUE NO TE VEÍA…”

Hace algún tiempo publicamos esta hermosa carta extraída del libro “Espérame y vamos juntos”, de Ángel Rossi y me pareció oportuno recordarla esta semana en el marco de una de las celebraciones más emotivas del año, el “Día de la Madre”.

En ese relato: UN NIÑO LE ESCRIBÍA A SU MADRE:

Cuando pensabas que no te veía: «Te vi pegar mi primer dibujo en la heladera e inmediatamente quise pintar otro».

«Te vi arreglar y disponer de todo en nuestra casa para que fuese agradable vivir, pendiente de detalles, y entendí que las pequeñas cosas son las cosas especiales de la vida».

«Te escuché rezar y supe que existía un Dios al que le podía yo hablar y en quien confiar».

«Te vi preocuparte por tus amigos sanos y enfermos y aprendí que todos debemos ayudarnos y cuidarnos unos a otros».

«Te vi dar tu tiempo y dinero para ayudar a personas que no tienen nada y aprendí que aquellos que tienen algo deben compartirlo con quienes no tienen».

«Te sentí darme un beso por la noche y me sentí amado y seguro».

«Vi como cumplías con tus responsabilidades aun cuando no te sentías bien, y aprendí que debo ser responsable cuando crezca».

«Vi lágrimas salir de tus ojos, y aprendí que algunas veces las cosas duelen, y que está bien llorar».

«Te vi y quise decir: Gracias por todas las cosas que vi, cuando pensabas que no te veía».

Por lo tanto -concluye el que narra la carta- «no te preocupes porque tus hijos no te escuchan, preocúpate porque te observan todo el día».

Reitero, esta es una narración del gran escritor, Ángel Rossi.

Desde esta columna deseamos un Feliz Día para todas las madres, para las que están y para aquellas que nos miran desde el cielo.


EL TIEMPO NO BORRARÁ SU NOMBRE NI SU MÚSICA…

En la columna de esta semana no voy a referirme a temas relacionados con nuestro pueblo como lo hago habitualmente pero,  “nobleza obliga”,   no quiero dejar pasar por alto un hecho  que marca el final de una larga  historia musical y cultural   que no debe tener antecedentes en nuestro país.

Murió el fin de semana pasado, “Vitillo Ábalos». Tenía 97 años y hasta hace muy poco lo veíamos en los escenarios cantando y bailando. Una verdadera leyenda este  “bombisto”, músico y bailarín que nació en Santiago del Estero con el nombre de Víctor Manuel Ábalos.

Cuando comencé a escribir este artículo pensé si no era demasiado personalista, pero en realidad creo que no es así  teniendo en cuenta  que con “Vitillo” y  “Los Hermanos Ábalos”, fuimos muchos los que aprendimos a bailar las danzas de nuestro folclore, entre esos muchos habrá, seguramente, quienes escuchen o lean esta columna.

Con la música de” Vitillo” y sus hermanos “Machingo”, Adolfo, Roberto y “Machaco”, aprendimos a bailar la mayoría de las danzas tradicionales como la samba, el carnavalito, Los Amores, el Escondido, La Firmeza, gatos y chacareras, entre otras.

“Vitillo” Ávalos, nos deja un riquísimo bagaje de pergaminos obtenidos en el país y en las más importantes ciudades del mundo. Pese a esta inmensa trayectoria,  era una persona de perfil bajo y  profunda sensibilidad que supieron distinguirlo a lo largo de su longeva existencia.

En su última etapa artística, “Vitillo”  era acompañado por músicos de la ciudad de Río Cuarto. La guitarra de Jesús Grama glía, el piano de Ariel Barreda, y los instrumentos de viento de Adrián Rotger. Gracias a esa circunstancia y  enviado por  L. V. 16  tuve la suerte de cubrir una de sus giras por varias ciudades de México en el año  2007.

Durante ese viaje, y con su particular humildad,   me contó  que tuvo la oportunidad de cantar  en  el Vaticano para dos papas, en Japón compartió un video con Los Beatles, y en un bar de Manhattan tocó  con el trompetista Louis Armstrong, nada más ni nada menos.

Esa cobertura fue una experiencia magnífica donde pude apreciar la “simpleza de un grande” y de qué manera  “Vitillo” era recibido por el público que valoraba con interminables aplausos la actuación de este genuino y verdadero embajador de nuestra cultura.

Murió “Vitillo Ábalos”, pero su ausencia física no nos impedirá seguir recordándolo cada vez que bailemos una zamba, un escondido o escuchemos  “El Quebradeño”, “Casas más,  casas menos”  y “Agitando pañuelos”, entre tantas otras canciones compuestas por Los Hermanos Ábalos.


LA EDUCACIÓN, MÁS ALLÁ DE INTERESES PARTICULARES…

El conocimiento y la educación son los pilares fundamentales de cualquier pueblo que aspira a crecer y se constituyen en los factores estructurales indispensables para la formación personal y profesional de todo individuo, sin embargo, para alcanzar un buen nivel de educación y ampliar el conocimiento son necesarios los libros y docentes capacitados, tan necesarios como son los espacios físicos adecuados que contribuyan a mejorar el rendimiento de los alumnos.

Berrotarán cumplirá dentro de pocos días ciento seis años de existencia y hace pocas semanas hablábamos del notable crecimiento que viene teniendo, tanto en lo edilicio como en su densidad poblacional, lo que ocasiona, con el paso de los años, un incremento exponencial de chicos que ingresan a las escuelas en sus distintos niveles. Afortunadamente esta creciente demanda no dejó de ser entendida y atendida.

Fue así que allá por 1913 nacía este nuevo pueblo y era necesario tener una escuela primaria, por lo que nace en 1917 la «Escuela Víctor Mercante», pionera en la educación local.  Transcurría el año 1960   y el pueblo seguía creciendo, razón por la cual era imprescindible contar con otro centro educativo y se crea la Escuela «Francisco Ortiz de Ocampo», iniciativa impulsada por un grupo de padres encabezado por Ricardo Boldrini.  Con el paso del tiempo tanto uno como otro colegio sumaron sus respectivos Jardines de Infantes.

En ese 1960 también se hace realidad un ambicioso proyecto de Monseñor Aquilino Argüello Ardiles, quien junto a un grupo de padres y profesores que ofrecen dar clases “ad-honorem”, crea el «Instituto Parroquial Berrotarán” y al igual que el IPET 80 “Luis Federico Leloir», inaugurado en 1989, cubrieron un espacio importante para la enseñanza en el nivel medio.

Más adelante se fundó la Escuela Primaria para Adultos «Nilda Conti de Molina», y luego el Bachillerato Acelerado para Adultos «José de San Martín».

El pueblo siguió creciendo y al mismo ritmo aumentaba la demanda educativa.  Eso fue advertido por Walter Avanzini,   ex párroco de Berrotarán que expandió la oferta con la creación de un nuevo centro educativo, el Sagrado Corazón de Jesús,   con Jardín de infantes  y primaria , más tarde la puesta en marcha del Instituto de Enseñanza Especial «San José» y de Educación Superior «María Reina», ésta última institución pasó a ser  un orgullo para el pueblo ya que asiste un grupo numeroso de estudiantes no solo de la localidad y región, sino de lugares muy distantes, incluso de provincias vecinas. También hay que tener en cuenta el funcionamiento de dos centros educativos públicos administrados por la municipalidad: el CICE habilitado en instalaciones del Polideportivo y otro similar en Barrio Hospital.

Otra obra meritoria es la construida sobre calle Aquilino Argüello Ardiles, que va de la mano de una creciente demanda de alumnos en el complejo educativo que depende del obispado de nuestra diócesis y que administra la parroquia local.  Hoy vemos avanzada la construcción de nuevas aulas para el Jardín de Infantes. También este amplio inmueble es una iniciativa de otro sacerdote, el presbítero Sergio Roberto Bosco.

No tenemos dejar de lado lo que viene haciendo desde hace algunos años la UNI-3 y los programas educativos y talleres encarados por la Cooperativa Eléctrica.

Como vemos, Berrotarán cuenta con un amplio abanico de ofertas educativas y el objetivo de esta columna es destacar que tanto las comisiones cooperadoras, como las autoridades de distintas instituciones, públicas y privadas, han brindado un permanente acompañamiento para que cada centro educativo pueda llevar adelante sus respectivos proyectos.

Está de más decir que quienes somos vecinos de este pueblo no debemos escatimar nuestra colaboración ya que    somos los directos beneficiados de estas iniciativas encaradas por quienes no buscan réditos personales, porque ya sean los sacerdotes como los directivos de las instituciones públicas cumplen cargos temporarios, pasan y las obras quedan. Quizás no todos podamos coincidir con estas apreciaciones, yo, en mis últimas columnas del año quiero manifestar mi reconocimiento por lo hecho en bien del presente y de futuras generaciones.


DORMIR A CUALQUIER HORA…

Leía un artículo sobre la salud y en una de sus partes decía que “descansar y dormir las horas necesarias contribuye,  en gran medida, a una mejor calidad de vida”.

Hablando sobre este tema con un grupo de amigos comentábamos que si era así,  quienes rondamos los setenta fuimos más beneficiados en ese sentido porque nos acostábamos más temprano que los jóvenes de ahora, pero alguien me corrigió acertadamente, “hoy los jóvenes se acuestan más tarde, pero duermen todo el día”.

Todo viene a cuento porque  nos referíamos a las nuevas costumbres  que tienen  que ver con las salidas de noche. “En tiempo de nuestra juventud   íbamos  a bailar  cerca de las   veintidós o veintitrés y regresábamos, salvo algunas excepciones,  a las cuatro de la madrugada. Hoy a esa hora, los chicos se preparan para salir y  terminan la velada en un pub o en la casa de algún amigo cuando el sol ya está bien alto”.

¿Está bien o está mal ?, la verdad, no lo sé, lo que sí estoy seguro que es distinto. Durante mi adolescencia, quienes además de estudiar también trabajábamos,  aprovechábamos los domingos por la mañana para dormir lo más que podíamos, pero hacíamos un esfuerzo y nos levantábamos al medio día  para compartir el almuerzo con la familia. Hoy, es común  escuchar que muchos que  salieron la noche anterior, “pasan de largo” y se levantan avanzada la tarde.

Esto no se da solo en los varones sino también en las mujeres.   Han cambiado los patrones de conducta y se perdieron algunos valores que se respetaban a rajatabla entre padres e hijos. Desde mi punto de vista, no todo es culpa de los jóvenes, también los mayores tenemos nuestra parte de culpa. Somos más flexibles y muchas veces no sabemos poner los límites que regían en nuestra adolescencia por miedo a ser considerados “autoritarios”.  Somos más permisivos, más tolerantes. Y vuelvo a preguntar ¿está bien o está mal? Usted oyente,  usted lector, tiene la respuesta.